Mayo mola. Aire libre. Saborear hasta la última gota del concepto de exterior. El sol, que gran invento. Dejar de ocultar y empezar a enseñar no es poco, ¡qué coño!, nos da la vida, pero, no nos engañemos, dos acontecimientos marcan el devenir del mes: Eurovisión y la final de la Champions. ¿Tú cuál eliges? Yo paso, me quedo con los dos. Una cosa no quita la otra.
Ohhh…El primero ya ha
pasado y más de lo de siempre. Los pronósticos se cumplen y España vuelve a
quedarse sin el añorado premio. Eso sí, esta vez cumplimos. Para esta edición,
apostamos por cierto deje chonista compensado con un vozarrón bien
modulado sobre una partitura justa, pero cumplidora, con letra pegadiza como
marcan los cánones. Entre los diez primeros, no está nada mal. La masa se
indigna porque, dicen, los vecinos de frontera se votan entre sí pero,
perdonadme, nada más lejos de la realidad. Nosotros estamos bien pegaditos a
Portugal y no nos dan ni un mísero one point. No entiendo por qué están tan
resentidos, espero que no se hayan tomado mal que nos sintamos extremadamente
superiores a su especie, simplemente, por el hecho de cargar contra ellos lo
que nuestros vecinos europeos cuchichean de nosotros mismos. Si España es África para Europa, Portugal para España es el estercolero sobre el que verter su
mierda sobrante. Qué exagerados, tampoco es para tanto. Mirad, Francia nos dio
5 puntos. Por cierto, ¡viva Albania! Ahora mismo no tengo claro por donde cae,
pero su gente es de puta madre. 12 puntos nos dieron, con dos narices.
